La montaña no solo es un territorio para la práctica deportiva y el turismo, sino un ecosistema frágil, esencial para el equilibrio ambiental global. El compromiso con su protección no es opcional: es estratégico.
El caso de Canal Roya es emblemático. La comunidad montañera, que tradicionalmente se venía posicionando históricamente contra infraestructuras que alteran de forma irreversible el paisaje, ahora se ha dividido.
La Declaración de Ética en la Montaña como marco global de referencia
La Declaración de Ética en la Montaña constituye el documento de referencia mundial que orienta el comportamiento de alpinistas, escaladores, esquiadores de montaña y senderistas en los entornos de alta montaña. Aprobada por unanimidad por la Unión Internacional de Asociaciones de Alpinismo (UIAA) en 2009, durante su Asamblea General celebrada en Oporto, la Declaración consolida y actualiza principios éticos previamente asumidos por la comunidad montañera internacional, como los recogidos en la Declaración del Tirol de 2002.
Este texto no es un manifiesto simbólico, sino un marco ético operativo, que reconoce explícitamente que la práctica de los deportes de montaña implica una responsabilidad directa sobre ecosistemas frágiles, paisajes culturales y comunidades locales. Entre sus principios fundamentales destacan el respeto a la naturaleza y la biodiversidad, la primacía de la protección de la montaña frente a intereses económicos y la defensa de un modelo de práctica deportiva compatible con la conservación a largo plazo.
La Declaración de Tirol de 2002 fue un documento excelente que ha servido de guía durante los últimos años, sin embargo, el mundo ha cambiado de manera bastante drástica en este período, y la escalada y el montañismo han cambiado con él. Uno de los cambios más importantes es el cambio climático. Por ello la UIAA ha publicado en enero de 2025 su nueva Declaración de Senderismo, Escalada y Montañismo. Uno de los nueve principios es precisamente el reconocimiento del cambio climático y el compromiso para reducir su impacto.
Deporte y Medio Ambiente. Un compromiso creciente
A nivel internacional, el compromiso se ha formalizado por ejemplo mediante iniciativas globales como el Sports for Nature Framework, que reúne al Comité Olímpico Internacional (COI), la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN) o el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP). Se marca un estándar internacional para que el deporte sea un actor activo en la protección ambiental y la restauración de la naturaleza. La International Ski Mountaineering Federation (ISMF) se ha sumado recientemente a este marco, subrayando que su deporte “existe gracias a las montañas” y comprometiéndose a integrar acciones positivas en su gobernanza y eventos para proteger los ambientes montañosos donde se practica.
En España, el Consejo Superior de Deportes ha promovido prácticas sostenibles en el deporte, como la iniciativa Green Sport Flag, que incluye distintivos para eventos comprometidos con la naturaleza y estudios de la huella ecológica.
Sin duda, las iniciativas más innovadoras y pioneras han sido precisamente por parte del anterior equipo de la FEDME (Federación Española de Deportes de Montaña y Escalada) y EUROPARC-España que impulsan juntas la sostenibilidad en las competiciones mediante el sello de calidad ambiental Green CXM Trail FEDME. Este distintivo acredita que la organización de una carrera cumple con estrictas buenas prácticas ambientales para minimizar su impacto, especialmente en espacios naturales protegidos. Se basa en la Guía de Buenas Prácticas para Carreras por Montaña, y el proceso incluye el seguimiento por un árbitro ambiental designado, quien evalúa el cumplimiento de los requisitos antes, durante y después del evento. El objetivo es garantizar que la competición sea compatible con la conservación de la biodiversidad y sirva de modelo de gestión sostenible para las administraciones. En definitiva, este sistema busca que el deporte sea un aliado de la economía rural y la protección del entorno, evitando la degradación del terreno y el exceso de residuos en las montañas.
El debate de Canal Roya
En este marco nace el conflicto de Canal Roya. Un problema que no es un caso aislado ni local, sino un ejemplo contemporáneo de un debate global. La realidad es que el mundo del deporte de montaña no parte de cero en materia ambiental, dispone de un consenso ético internacional que obliga a anteponer la conservación de la alta montaña a cualquier proyecto que comprometa su integridad.
El deporte de montaña no solo debe disfrutar del medio natural, sino protegerlo activamente. Existen marcos internacionales, compromisos de federaciones, estándares para eventos y políticas públicas que convergen en la misma dirección. El deporte puede y debe ser un aliado de la protección ambiental, especialmente de los ecosistemas de alta montaña sin los cuales muchos deportes perderían su razón de ser.
Como deportistas, montañeros y herederos de la Declaración de Ética de la UIAA, alzamos la voz por la protección definitiva de Canal Roya. Exigimos respeto por un gran valle virgen del Pirineo central. Tenemos el deber ético de ser los primeros defensores de nuestro terreno de juego. Canal Roya no es un área de expansión industrial. Es un santuario biológico y geológico. Tenemos la responsabilidad moral de legar a las futuras generaciones una montaña tan intacta como la encontramos. La destrucción de Canal Roya es una deuda ambiental irreversible que vulnera el derecho de los jóvenes montañeros a conocer un Pirineo sin cicatrices de hierro y hormigón. Apostamos por un Parque Natural donde el deporte sea el motor de un desarrollo sostenible, honesto y respetuoso con la vida.