Lejos de ser imágenes estáticas, los paisajes naturales son dinámicos, incluso aquellos que se encuentran dentro de áreas protegidas. En el Pirineo, los paisajes naturales han experimentado cambios significativos en el transcurso del último siglo, impulsados principalmente por el abandono de actividades agrícolas y ganaderas tradicionales.
Monitorizar estas transformaciones en los distintos hábitats es la mejor herramienta para estudiar el estado de salud de la biodiversidad que nos rodea. El seguimiento de los hábitats y especies es, además, un compromiso legal: bajo la Directiva Hábitats, el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico debe reportar el estado de conservación y vulnerabilidad de especies y hábitats de interés comunitario cada sexenio.
La monitorización a largo plazo de los hábitats se lleva a cabo tanto con sensores remotos como in situ. Por ejemplo, gracias a la red de voluntarios y Agentes de Protección de la Naturaleza (APN) de Adopta Una Planta, coordinada desde el Instituto Pirenaico de Ecología (IPE-CSIC), se monitorizan actualmente más de 300 poblaciones de 200 especies de interés en todo Aragón. Los resultados revelan que, si bien la mayoría de las poblaciones permanecen estables, aquellas en áreas bajo
presión antrópica presentan un declive en su estado de conservación. Esto plantea la necesidad de incluir el conocimiento científico en la toma de decisiones en la gestión de los espacios naturales. Solo mediante un seguimiento riguroso y a largo
plazo podremos entender la vulnerabilidad y el estado de conservación de nuestros ecosistemas y actuar antes de que el daño sea irreversible.