Daniel Gómez y Víctor Ezquerra. Una ojeada a la naturaleza de Canal Roya.

La sensibilidad por la naturaleza no es en nuestra especie un carácter instintivo en el que podamos apoyarnos para defender el medioambiente. Más bien al contrario, puede considerarse un fenómeno reciente surgido hace apenas dos siglos de las corrientes intelectuales que inspiraron el “Romanticismo” en el arte y la literatura y el desarrollo científico del s. XIX.

Durante la mayor parte de nuestra historia la Naturaleza se ha contemplado como un entorno ajeno y hostil a la existencia humana que había que doblegar o domesticar para extraer el máximo beneficio porque, además, se trataba de un recurso inagotable y disponible para nuestro exclusivo beneficio.

Todavía hoy impera en gran medida esa visión. La conservación de la Naturaleza se interpreta como un freno al desarrollo y a ese totem que llamamos progreso. Así lo entienden aun muchas de las personas que guían nuestra sociedad y, desafortunadamente, una parte importante de la población que se deja encandilar por las promesas de un desarrollo que exige sojuzgar y destruir el entorno.

En esta perspectiva, quienes estamos dotados de esa sensibilidad, somos responsables de la enorme tarea de educar y concienciar en la visión de que formamos parte de esa naturaleza, que su destrucción supone la nuestra y que su conservación supone un compromiso con las siguientes generaciones y una apuesta por nuestro progreso ético y económico.

La vía más directa para esta labor de concienciación es el conocimiento y su divulgación. Ya tenemos catalogados los valores del paisaje, de los ecosistemas y de la biodiversidad y conocemos también los servicios que recibimos de la naturaleza bien conservada que no son remplazables por ningún desarrollo tecnológico.

Vamos a hacer ahora un breve repaso en la sala de esos valores y el domingo, las que vengáis a la excursión, los observaremos y disfrutaremos sobre el terreno.

En primer lugar, la biodiversidad de Canal Roya responde a una conjunción de factores: Por un lado, la disposición del valle conecta de manera natural la cabecera del Valle del Aragón con las cabeceras de Tena y Ossau, siendo utilizado por numerosas especies animales en sus migraciones y, a escala más grande, ha servido para la conexión y expansión de poblaciones hacia uno y otro lado de la cordillera.

Por otro lado y en cuanto a los ecosistemas de Canal Roya, son reseñables su ubicación y clima, al norte de las sierras interiores y el límite entre los Pirineos central y occidental. Esto convierte a la zona en muy rica en precipitaciones, tanto en forma de agua, como nieve y nieblas, llegando a superar algunos años los 2000 litros por metro cuadrado anuales.

La elevada precipitación se potencia además porque los sustratos ácidos e impermeables predominantes, hacen que toda el agua captada en la cuenca drene por superficie. Esto crea un paisaje con multitud de ecosistemas acuáticos de gran interés, como ibones, turberas, tremedales, arroyos, un río permanente, etc. que sirven de hábitat y refugio de numerosísimas especies singulares. El valle sirve de frontera natural para especies del Pirineo central que no llegan al occidental, y viceversa, lo que conforma una combinación de biodiversidad única. La singularidad de sus rocas, con un volcán fósil perfectamente preservado, añade otro punto más de interés geográfico y geológico, que sirve de hábitat para determinadas especies bandera y con gran importancia desde tiempos prehistóricos para las diferentes comunidades humanas que han habitado la zona.

La amplia superficie de pastos y permanente disponibilidad de agua se conocen desde antiguo, ya que el ser humano ha aprovechado la zona desde el neolítico para el desarrollo de la ganadería de montaña. Prueba de ello son los abundantes e interesantes yacimientos arqueológicos que se suceden a lo largo del valle, destacando zonas con crómlechs o un dolmen de dimensiones inusuales en el contexto pirenaico que nos encontramos.

En la actualidad, la Canal Roya es un ejemplo muy destacable de una naturaleza modelada por el uso humano ancestral que ha mantenido un equilibrio entre la conservación de los valores ambientales y una explotación sostenida de sus recursos naturales.