Considero esencial establecer el concepto de cultura ya que cada persona o colectivo puede entenderlo de formas diferentes. Para ello acudiremos a las definiciones del Diccionario de la Real Academia de la Lengua:
1.- Conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico.
2.- Conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc.
Para analizar lo que implican los desafíos para la conservación de la cultura y las formas de vida en la montaña, se hace imprescindible afrontar la cuestión imbricando los dos conceptos enunciados. Así como realizar un diagnóstico comparado de las condicionantes de donde venimos, cómo se ha evolucionado y cuales son los factores determinantes de la forma de vida actual.
Con demasiada frecuencia se idealizan los tiempos pasados y la forma de vida predominante en la montaña, ignorando la dureza y economía de subsistencia a la que estaban sometidos los habitantes de la montaña, lo que centraba la organización autárquica en torno a la casa, la unidad social, económica y familiar por excelencia. Ciertos trabajos que implicaban y beneficiaban a la comunidad se abordaban de forma colectiva y cooperativa, denominados a vecinal.
Resulta incuestionable que las gentes que poblaban estos valles necesitaban mejorar su calidad de vida, vivían en unas condiciones muy difíciles pero al tiempo eran depositarios de una serie de valores culturales, del medio natural, que es muy importante que no fueran destruidos en aras del supuesto progreso. Esa conciliación no es algo sencillo y el equilibrio es difícil de alcanzar, pero esto debería haberse valorado antes de acometer ciertas iniciativas dirigidas en un solo sentido y que luego resultan muy difíciles de corregir y adaptar.
El sistema de explotación extractivista y de servidumbre hacia los beneficios de zonas más o menos alejadas de los Pirineos, conjuntado con el drástico cambio del modelo socioeconómico que transcurrió desde los finales de la década de los años 50 a los 70 de siglo pasado provocó una intensa despoblación de amplias zonas de la montaña. Esta despoblación se vio acentuada por la imposición de contundentes medidas emanadas desde una administración centralista y dictatorial, en contra de los intereses del territorio y a favor de potentes grupos empresariales y zonas industrializadas alejadas del territorio.
Esta despoblación y el nuevo modelo socioeconómico vigente han acarreado una pérdida de las tradicionales formas de vida y valores culturales de la montaña. La dificultad y ausencia de rendimiento económico ha reducido muchas de esas tradiciones a recuerdos materializados en meritorios museos y documentados en una amplia colección de excepcionales tratados etnográficos.
La vida actual en los Pirineos está condicionada por un nuevo y diferente modelo extractivista, que reincide en la concentración de las plusvalías en pocas manos y la mayoría ajenas al territorio, lo que redunda en el tan traído y llevado problema del injusto reparto de la riqueza, los empleos precarios mal pagados, falta de servicios, dificultades de acceso a la vivienda, dificultades para crear familias y radicarse en el territorio y un largo etcétera.
Aún y así no se puede establecer un criterio uniforme que abarque a todo el territorio de montaña del Pirineo aragonés y existen fundamentales diferencias entre los núcleos de población. Diferencias que se incrementan de forma notable si comparamos los pequeños pueblos con las poblaciones que constituyen las cabeceras de las comarcas.