Al igual que el desarrollo industrial trajo un boom de población a las zonas más industrializadas de nuestro país, concentrando la población en núcleos cada vez más grandes, hoy en día estamos viviendo una demanda desmesurada de naturaleza, aglutinando un gran número de deportistas en los mismos lugares. Lo podemos ver en muchas zonas del pirineo así como en las sierras interiores.
La necesidad de buscar sitios verdes se ha convertido en una vía de escape de las rutinas y la contaminación a la que estamos sometidos gran parte de la población diariamente.
En el estilo de vida actual lo queremos tener todo. Sentirnos dentro de una sociedad desarrollada y a la vez poder disfrutar de la naturaleza para nuestra desconexión y nuestro ocio.
Esto nos hace recordar lo egoístas que somos como especie. Agotar los recursos naturales para nuestro beneficio, que generalmente suele estar acompañado de unos grandes intereses económicos.
Como deportista del mundo “outdoor”, ya sea con el esquí de travesía, alpinismo o la escalada en hielo o roca, he ido buscando estos recursos naturales por todo el mundo. Con todos estos viajes he podido comparar zonas más explotadas y zonas aún salvajes. Al final siempre se reduce todo a la misma conclusión, que bonito es poder disfrutar de la naturaleza en su pleno esplendor. Cuanto menos modificada esté por el ser humano, más nos atrae. Buscamos lo salvaje, lo remoto y desafortunadamente cada vez es más difícil de encontrar.
He de recalcar que los viajes que involucran adentrarse en lugares más recónditos siempre suelen ser más complicados. Su logística, los accesos o la información a recabar conllevan más trabajo preparatorio. Por ello tener otras alternativas más accesibles y humanizadas para disfrutar de la montaña es algo beneficioso para todos, incluso para los que en muchas ocasiones buscamos lo lejano y recóndito. En conclusión, creo que la tendencia debería centrarse en conservar las zonas que ya se han explotado, regularlas evitando masificaciones y preservar zonas naturales aún vírgenes donde poder disfrutar de la naturaleza en su estado más puro.
Para mí y creo que para la gran parte del colectivo deportista que intento representar, cuando nos involucramos en una actividad en el medio ambiente, es importante que sea en un entorno poco explotado. La soledad, es con lo que más llenamos nuestros corazones, independientemente del grado de dificultad que requiere la actividad. Hay una gran diferencia si estas vivencias las tienes con tu compañer@ de cordada o si estas rodeada de una multitud.
Un ejemplo claro de masificación es el entorno de Chamonix. Dónde se encuentra una de las montañas más emblemáticas de Europa, el Montblanc. Cada año, es menos apetecible subirla por su alta demanda social. Esta aglomeración de alpinistas, hace que para una gran parte de este colectivo la ascensión pierda mucho su encanto. Las prisas, el poco compañerismo entre cordadas, la ambición de subir una de las montañas más altas de Europa, hace que se pierda la verdadera esencia del alpinismo, relegándose a un mero juego de egocentrismo. No obstante casi todos estamos de acuerdo, en que todo el mundo tenemos derecho a subirla, si tenemos las capacidades para hacerlo. Por lo que creo que es importante una regulación acorde a la demanda actual. Así sería más llamativa su ascensión para todos.
He nombrado al Montblanc, pero lo mismo ocurre en Yosemite. A lo largo de los años, cada vez somos más los escaladores que queremos ascender el Capitán, y la abundancia de cordadas con el mismo objetivo, hace que sea un problema extraordinario para planificar la logística de su ascenso. En el último viaje que realice a Yosemite el año 2022 vi que se estaba contabilizando las cordadas que querían subir al Capitán, dónde los escaladores apuntaban en una lista la ruta escogida para escalar y una previsión de la fecha para realizarlo. Esta información además de ser muy útil entre los escaladores, abre la posibilidad de realizar una regulación acorde a la demanda y así se podrían evitar aglomeraciones en la misma ruta.
Otra ocasión en la que me he encontrado con masificaciones ha sido cuando ascendimos la cara Norte del Eiger, con mi compañera retrasamos un día la ascensión porque solo con la gente que conocíamos ya estaba repleta la repisa dónde se situaba el vivac que pretendíamos utilizar.
Este fenómeno también se ve muy acusado en la escalada en hielo, dónde cada vez hay más deportistas y las condiciones necesarias para escalar son cada vez más efímeras, se forman menos cascadas y duran poco tiempo. Hemos normalizado escalar bajo otras cordadas, pero hay que recordar que estamos asumiendo los posibles accidentes que pueden surgir por estas decisiones.
Incluso en zonas remotas como podría considerarse la Patagonia este problema también surge y es más peligroso ya que la meteorología es muy adversa, así pues cuando hay una sucesión de varios días con buenas previsiones meteorológicas no es raro que se junten varias cordadas para ascender el amado Cerro Torre o el Fitz Roy, en un sitio dónde las aglomeraciones son un verdadero problema. En cuestiones de seguridad hay que tener en cuenta que los rescatistas son personas voluntarias junto con que los accesos son muy remotos y la meteorología adversa, hacen que un rescate se convierta en un gran problema.
Paralelamente este fenómeno se puede comparar con las estaciones de esquí. Lugares idílicos para esquiar pero que pierden su encanto cuando están masificadas. Creo que no se trata de hacer más o de ampliar las existentes, sino de regularlas para que todos podamos disfrutar de ellas sin aglomeraciones y salvaguardar reductos de naturaleza sin explotar.
Con esto quiero hacer una reflexión para ser conscientes de la alta demanda que hay de los “deportes outdoor” que van en auge y es muy importante poder regularnos entre los deportistas. De no ser así entendería y respetaría que se tomaran estas decisiones desde las Administraciones, siempre que no haya ánimo de lucro encubierto, simplemente con fin de conservar la naturaleza y poder seguir disfrutándola todos.
La accesibilidad de estas zonas junto con otros factores de la sociedad de hoy en día, como la información meteorológica, las redes sociales y el alto nivel deportivo, que va en incremento continuo, hacen que sea muy complicado controlar esta concentración de deportistas en un determinado lugar.
Como se ha comentado anteriormente con las aglomeraciones también hay que tener en cuenta la seguridad, cuanta más gente haya en un sitio tras un posible accidente, más rescatistas va a involucrar y más difícil va a ser solventarlo.
Esta problemática nos la vamos a ir encontrando cada vez más, por lo que hay que ser conscientes como deportistas en el momento social en el que nos encontramos.
Pero lo que me he dado cuenta con los diferentes viajes y las diferentes experiencias es que si no se explotan los valles, se sigue manteniendo su singularidad, su naturaleza en estado salvaje, y eso es lo que más cuesta de encontrar, sitios remotos que tengas dificultades de acceso y que no tengas servicios o información.
Tiene que haber de todo para todos los consumidores de naturaleza pero es muy necesario salvaguardar zonas tanto en el Pirineo como en los Alpes, en la Patagonia, en la Cordillera blanca, en el Karakorum o en el Himalaya, entre otros, donde se mantenga su naturaleza salvaje, fuera de especulaciones e intereses económicos.
El último viaje que he realizado ha sido a un país cercano, Eslovenia, y me he quedado sorprendida de las pocas estaciones de esquí que había. Una parte de los Alpes muy poco explotada en este aspecto, y no por ello la gente dejaba de esquiar, sino que lo típico era ver familias que hacían esquí de travesía para acceder a los refugios o zonas de montaña más alejadas y solitarias. Las pistas de esquí también se encuentran en esta parte de los Alpes pero no son macro explotaciones, sino que son estaciones de unos pocos remontes.
Creo que éste es el modelo a seguir, el que más se adapta a esta sociedad que reclama naturaleza y deporte, mantener las estaciones de esquí que tenemos y salvaguardar zonas más vírgenes para los amantes de la naturaleza en su pleno esplendor. Y en su caso buscar alternativas diferentes que sean respetuosas con el medio ambiente.
Por ejemplo si se rehabilitara el refugio existente en el valle de Canal Roya, que está casi en ruinas y se dejara en buenas condiciones, estoy segura que habría mucha gente que lo usaría. Tanto en verano en travesías a pie como en invierno con raquetas o esquí de travesía, manteniendo un entorno salvaje, lejos del ruido y de la civilización. Ofreciendo nuevas oportunidades para el desarrollo sostenible de la zona. Esto daría lugar a un efecto paisajístico muchísimo menor, dando unos servicios que cada vez están más demandados, y a su vez proporcionando zonas aptas para el esquí de travesía fuera de las estaciones de esquí, hecho que cada vez va en aumento y tiene altos riesgos.
Hoy en día las inversiones en estaciones de esquí no se rentabilizan por ellas mismas además tienen un impacto ambiental enorme, por lo que no tiene ningún sentido su nueva construcción.
Mantener las existentes es lógico y lo agradecemos, pero en la actualidad hay que buscar nuevas alternativas, cooperando con el desarrollo rural y la conservación de la naturaleza.
El entorno de Canal Roya es un valle con mucho potencial deportivo, son las puertas de acceso al famoso Pico Anayet, el cual alberga distintas rutas de escalada, es un amplio valle para el senderismo, pudiendo enlazar varios recorridos, el valle de izas, la raca, los lagos de Anayet o el Porté entre otros, tiene muchas posibilidades para la BTT, en la rinconada se forman unas cascadas de hielo que por su orientación norte y su altura son las primeras y las últimas de la temporada, casi casi te garantizan poder escalar en hielo, por aquí transcurre la famosa carrera de trail running Canfranc-Canfranc con varios recorridos, en cuanto al esquí de travesía se pueden realizar varios itinerarios, así como senderos con raquetas… por todo ello es una zona con un gran interés para practicar deportes al aire libre, dónde no hay una explotación hoy en día y sería una pena perder esta singularidad.
Por otra parte gracias a mis 4 años trabajando como Agente de Protección de la Naturaleza en la zona de Canal Roya también he visto que tiene un alto valor medioambiental, es una zona con una gran variedad micológica, es un hábitat propenso para especies catalogadas como la perdiz pardilla, el quebrantahuesos o el oso, tiene un alta concentración de especies cinegéticas como es el Sarrio, lo cual también reporta beneficios económicos para el ayuntamiento, es una zona con un alto valor para la pesca con especies como el salvelino, hay varios aprovechamientos de pasto estival para la ganadería extensiva. En definitiva la conservación de Canal Roya con un mínimo impacto ambiental es importante para todos, para poder continuar con un desarrollo sostenible tanto social como medio ambiental.